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Real y trágica, esta es la verdad de Siria

Desde el comienzo de la guerra, más de 465.000 sirios han sido asesinados, un millón han resultado heridos y 12 millones, más de la mitad de la población del país, se han visto obligados a abandonar sus hogares. De estos 12 millones, más de 5,5 millones se han trasladado al extranjero y se han registrado como refugiados.

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Por Ignacio Romero – Era una mañana fría en Duma, la pequeña ciudad siria cercana a la capital, Damasco. Mazin Yusif, de 13 años, andaba despierto desde tempranas horas ayudando en las actividades de su familia. A las 6:30 de esa mañana, escuchó un avión acercarse y sin pensarlo dos veces se dirigió al techo de su casa. Mazin era solo un niño cuando, años atrás, los pobladores de su ciudad se levantaron en contra del gobierno de Bashar al Asad; probablemente este joven vio, durante su corta vida, más ataques aéreos que los que cualquier ser humano debería presenciar. Desde el techo observó que el avión había lanzado varias bombas, una de ellas explotando en frente de la casa de sus abuelos. El joven corrió hacia el lugar y encontró a su abuelo desplomado. Desesperadamente intentó pedir ayuda pero sintió un fuerte mareo y perdió el conocimiento. Al despertar, se encontraba en la cama de un hospital donde le informaron que su abuela estaba en recuperación y que varios miembros de su familia habían fallecido en el ataque.

Como Mazin y su abuela, más de 500 pacientes fueron llevados a distintos hospitales, muchos de ellos en Turquía. Las víctimas tenían espuma en la boca y en las fosas nasales, síntomas de sofocación y quemaduras en la córnea; decenas de personas murieron y según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los síntomas podrían indicar que el ataque habría sido realizado con químicos altamente tóxicos, como el gas sarín.

Como resultado, los líderes de Inglaterra, Francia y Estados Unidos acusaron al gobierno sirio por lo sucedido y por su constante violación a las leyes internacionales. Los tres países en una acción conjunta lanzaron ataques aéreos específicamente contra objetivos sirios dedicados a la investigación, desarrollo, producción y almacenamiento de armas químicas, armas que son prohibidas bajo convención internacional.

En la otra cara de la moneda, Siria y su más allegado aliado, Rusia, no simplemente niegan haber sido partícipes del ataque con armas químicas, sino también afirman que este nunca sucedió y que los rebeldes y Occidente lo escenificaron. Sin embargo, el gobierno sirio, hasta el momento en el que escribo estas líneas, no permite a los inspectores de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), ingresar al área donde ocurrió el incidente, por lo que la investigación no puede concluirse.

Esta no es la primera vez que el gobierno sirio de Bashar al Asad es acusado de usar agentes químicos contra su propia gente. Mientras el mundo acusa a unos y apunta a otros, las víctimas están ahí, son reales y su futuro y el de sus familias son inciertos. Desde el comienzo de la guerra, más de 465.000 sirios han sido asesinados, un millón han resultado heridos y 12 millones, más de la mitad de la población del país, se han visto obligados a abandonar sus hogares. De estos 12 millones, más de 5,5 millones se han trasladado al extranjero y se han registrado como refugiados.

Real y trágica, esta es la verdad de Siria.

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