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Peronistas al borde de un ataque…

La mayoría perdió ante Cambiemos. Se quedaron sin liderazgo. No quieren someterse a Cristina. El futuro es una amenaza.

Por Julio Blanck – Esperaban la ola amarilla pero no creyeron que fuera a ser tan grande. Esa ola pasó el domingo por las urnas de todo el país y tapó a la mayoría. Unos pocos se salvaron del naufragio. Pero a todos, sin distinción, los dejó a la intemperie de cara al futuro cercano. El peronismo, sus gobernadores, intendentes, parlamentarios y sindicalistas -de ellos se trata- son hoy un atribulado colectivo político que, parafraseando a Almodóvar, está al borde un ataque de nervios. Razones para la angustia les sobran.

La votación alumbró la consolidación del liderazgo nacional de Mauricio Macri. Detrás del Presidente hay “una delantera que te puede ganar cualquier partido” dice un intendente del conurbano. Habla de María Eugenia Vidal, Marcos Peña y Horacio Rodríguez Larreta. “Nosotros en cambio no juntamos once para salir a la cancha”, completa el bonaerense.

“Este no es nuestro tiempo” dice un gobernador ganador. No se lo ve desesperado por esa constatación. “Es bueno que al Gobierno le vaya bien, porque todos necesitamos que nos vaya bien” apunta. Todo peronista que gobierna tiene como prioridad defender su territorio de la oleada de Cambiemos, que amenaza recién estar empezando.

Se quedaron sin liderazgo. Porque con Cristina no quieren ir más a ninguna parte; pero se pusieron las urnas de sombrero las referencias más firmes que tenían a cambio: el cordobés Juan Schiaretti y el salteño Juan Manuel Urtubey. De los que quedaron en pie, los menos desgastados son el tucumano Juan Manzur y el sanjuanino Sergio Uñac. Están los dos en su primer mandato y juran no tener ambiciones inmediatas. Primero buscarán reelegirse, después verán si llegan a las ligas mayores. Hablan de 2023 como si fuese pasado mañana. Raro para una fuerza política que tiene el poder como mandato genético.

Los peronistas que no quieren más a Cristina están convencidos de Ella sólo puede llevarlos a la derrota. Las últimas tres elecciones perdidas en la provincia de Buenos Aires les dan la razón. Pero, pequeño detalle, Ella tampoco quiere ir a ninguna parte con semejante compañía. Así que ni siquiera tienen la opción de un liderazgo a disgusto, como aceptaron esta vez, otra vez, los intendentes bonaerenses que buscaron salvar su pedacito de poder y la empezaron a abandonar la misma noche de la derrota.

Algunos ahora lloran por los rincones. “Nunca nos llamó” dice un gobernador triunfante, con el colmillo afilado y listo para cobrarse viejas cuentas. “La nacionalización de la elección nos perjudicó en las provincias y Cristina le hizo el juego a Macri yendo a la polarización”, protestan cerca del chaqueño Domingo Peppo. ¿Había otro camino? “Cristina te hace ser competitivo, pero al final vas a perder y encima te va a querer llevar a patadas en el culo” grafica un intendente derrotado que conoce las delicadezas en el trato de la ex Presidenta.

La fractura interna se da por segura. Sergio Massa ya había roto en 2013, Miguel Pichetto en 2016 y Florencio Randazzo este año. Casi todos los gobernadores fueron indiferentes a la suerte de Cristina cuando dejó el poder, quizás contemplaron con placer su cuesta abajo en la Justicia y en esta elección cada uno jugó su ficha con suerte variada. Ahora hablan de rearmar el tinglado peronista con Ella afuera. También acá corren de atrás: “Cristina ya aceleró y se fue cuando dijo que Unidad Ciudadana había llegado para quedarse”, indica otro jefe municipal a propósito del discurso con que la ex Presidenta cerró su noche de derrota. Un gobernador que es abogado suma una apostilla de su oficio: “A confesión de partes, relevo de pruebas”. La que rompió fue Ella. Quizás eso les alivie la tarea, se ilusionan.

Pero si se avanza un poco en la charla aparecen algunas desesperaciones. “Con Massa, Randazzo y Pichetto no alcanza para amar una propuesta alternativa” dice uno de los dañados. “La corporación de gobernadores no tiene con qué enfrentar a un gobierno que ya tenía poder financiero y mediático y ahora sumó poder político” se abate otro.

A Cristina le auguran un futuro pálido. “Así como viene, en 2019 va a tener su propio Frepasito”, minimiza un jefe territorial de largo recorrido, haciendo referencia a aquella formación entre peronista y centroizquierdista creada por Chacho Alvarez, que cautivó a la clase media “progre” y fue socio minoritario del radicalismo en la Alianza de triste memoria.

Para el tucumano Manzur, ganador el domingo, Cristina ya no tiene nada que ofrecerle al peronismo y reclama el derecho de haber sido el primero que lo planteó en esos términos. El sanjuanino Uñac, también ganador, recuerda que una sola vez el peronismo dependió de una persona: Juan Perón. Y que desde su muerte, hace más de 40 años, “los peronistas fuimos lo más dúctil que hubo en la política”. Elegante manera de explicar la plasticidad interminable para adaptarse a la tendencia dominante en cada época, llámense Herminio, Lorenzo, Cafiero, Menem, Duhalde, Néstor o Cristina. Cerrado el capítulo kirchnerista sabrán mimetizarse con lo que venga.

Pero lo que esté por venir todavía no empezó a caminar. Y hay que convivir cada día con un gobierno que está en la cresta de la ola y dispuesto a seguir avanzando. Aquí asoman matices diferenciados dentro del desconcierto peronista.

Manzur propone rearmar el peronismo “con todos”, aunque considera que los que fueron ganadores el domingo -empezando por él mismo- merecen que su voz suene más fuerte. Su relación con Macri se endureció y él cree que eso le ayudó a mantenerse a flote. Los amigos del Presidente perdieron, dicen sus allegados en alusión a Schiaretti y Urtubey, que además son los sostenes principales de Pichetto. No todo es angelical en el germen del rearmado peronista.

Schiaretti el domingo a la noche cruzó mensajes con Macri, su amigo de muchos años, a quien llamó para felicitarlo por el triunfo. El Presidente le contestó “Espero que seas uno de los pilares de la Argentina que viene”. Esa cercanía no lo confunde al cordobés en la discusión dura y estratégica por la distribución de los recursos. Su obsesión es que “el país se ordene” pero que esta vez “no lo haga en contra de las provincias”, como dice que ocurrió con la convertibilidad, a la salida de la hiperinflación de los ’80, y con el modelo Kirchner después del gran estallido de 2001. Este gobierno no es el responsable del desquicio en el reparto de fondos, admite. Pero dice que las circunstancias lo pusieron en el lugar de quien debe solucionarlo. “Tenemos que buscar una salida sustentable, si no en pocos años tendremos otra crisis”, remata.

El sanjuanino Uñac también habló con Macri después de la votación. Se felicitaron mutuamente por sus triunfos. Y además conversó en la noche triunfal con Manzur. Gobernadores nuevos, fueron debutantes en elecciones de medio término. Otros peronistas vencedores tienen mucha historia acumulada: los Rodríguez Saá, Insfrán, Verna. Juega dos cartas fuertes el sanjuanino: la renovación peronista y la pelea por los fondos con la Casa Rosad. Propone saltar por encima del corto plazo y generar una propuesta superadora de Cambiemos “sin esperar que a Macri le vaya mal y llegar porque se derrumbó todo”.

Pero al final, el tema siempre es Cristina. Y su funcionalidad a Macri, en tanto mantenga dividida a la oposición y con sus tres millones y medio de votos -que nadie iguala en la interna- obstruya y demore la reorganización peronista.

El Presidente, en dupla con María Eugenia Vidal, ya hizo bastante para que esos proclamados renovadores se animen y vayan: le ganó a Cristina las últimas dos elecciones. Más no le pueden pedir.

Fuente: Clarin

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