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Miguel Díaz-Canel reivindica el legado de los Castro tras ser elegido presidente de Cuba

El hasta ahora vicepresidente del Gobierno sustituye a Raúl Castro tras doce años al frente del país.

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Miguel Díaz-Canel es el nuevo presidente de Cuba. Preparado minuciosamente desde hace una década por Raúl Castro para darle el relevo, el sucesor, de 57 años y nacido después de la revolución de 1959, ha dado este jueves su primer discurso como jefe de Estado en la Asamblea Nacional (parlamento unicameral) recalcando su propósito de “dar continuidad” al régimen socialista de partido único, subrayando que no habrá “espacio para una transición” política –o una “restauración del capitalismo”– y advirtiendo de que el general Castro, de 86 años, sigue “al frente” de la dirección del país.

Raúl Castro seguirá siendo primer secretario del Partido Comunista de Cuba hasta 2021 y la Constitución establece que el partido es “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Castro, por lo tanto, se retira a un segundo plano desde el que tutelará al nuevo gobierno, como afirmó en sus palabras Díaz-Canel: “Encabezará las decisiones de mayor trascendencia para el presente y futuro de la nación”. El nuevo mandatario ha calificado de “obra colosal” el periodo de Castro como presidente y ha abundado en su glosa a su mentor con la más clásica retórica militante: “Con firmeza, sin apego a los cargos, con serenidad, madurez, confianza y firmeza revolucionaria, se mantiene por legitimidad y mérito propio al frente de la vanguardia política (…), como el referente que es para la causa revolucionaria, enseñando y siempre presto a enfrentar al imperialismo, como el primero, con su fusil a la hora del combate”. En segundo término, Díaz-Canel también ha rendido tributo a la figura de Fidel Castro, fallecido en 2016: “Seremos fieles al legado del líder histórico de la revolución”, dijo.

Raúl Castro ha cerrado la histórica sesión parlamentaria en La Habana con un discurso en el que se mostró plenamente satisfecho con poner la presidencia en las manos de Díaz-Canel, con quien se intercambio visibles muestras de afecto. El general ha afirmado que confía en el “éxito absoluto” de su sucesor, ha destacado sus “virtudes, experiencia y dedicación al trabajo” y ha incidido en que “no es un improvisado” y en que “su ascenso no ha sido fruto del azar ni del apresuramiento”. Sorprendió la desenvoltura con la que lo ha calificado como “el único superviviente” de un grupo de dirigentes de nueva hornada que el régimen fue preparando desde los noventa y que terminaron defenestrados. Sin que Castro los mencionase, vinieron a la memoria los casos paradigmáticos de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, prohijados por Fidel Castro y, con su venia, fulminados por Raúl en 2009 en su segundo año oficial como presidente tras ocupar provisionalmente el cargo desde 2006 por los graves problemas de salud de su hermano mayor.

Al deterioro bilateral ha contribuido la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, que ha echado por tierra los avances diplomáticos de Obama y a cambio de apoyo político ha cedido la iniciativa de la agenda sobre Cuba a la línea dura republicana. En los próximos dos años de mandato de Trump, con la reciente llegada a su Administración de halcones como Mike Pompeo y John Bolton, las medidas de Washington contra el régimen cubano se podrían endurecer. Un reto para Díaz-Canel.

Aunque el gran desafío para el nuevo presidente, por supuesto, será sacar a Cuba y a sus ciudadanos de su eterna crisis económica, y, en vista de que la vía estadounidense sigue bloqueada y Venezuela se derrumba, el reto será encontrar nuevos socios económicos. China se proyecta como su mejor recurso comercial y financiero y Rusia en lo energético. Vladímir Putin felicitó este jueves a Díaz-Canel y expresó su confianza en reforzar la cooperación con la isla. “En Rusia se valora altamente la relación con Cuba, que se cimenta en sólidas tradiciones de amistad y respeto”, dijo el jefe del Kremlin.

Raúl Castro también resaltó en su discurso que Díaz-Canel solo podrá ocupar la jefatura de Estado dos mandatos de cinco años, norma impuesta por él durante sus legislaturas. El nuevo presidente, único candidato a la presidencia y votado por 603 de los 604 parlamentarios, ha asumido las “expectativas” que genera el relevo, con el pueblo cubano impaciente por tener bienestar, y aseveró: “No vengo a prometer nada, como jamás lo hizo la revolución en todos estos años. Vengo a cumplir el programa que nos hemos impuestos, con los lineamientos del Socialismo y la Revolución”.

“Estados Unidos no espera que el pueblo cubano vea mayores libertades con el recién nombrado presidente”, ha dicho un funcionario de la Casa Blanca en declaraciones recogidas por Reuters. Por ello, el Gobierno de Donald Trump “no tiene intención de suavizar su política hacia el Gobierno comunista de la isla”. “Seguiremos siendo solidarios con el pueblo cubano en su demanda de libertad y prosperidad”, ha afirmado.

“A diferencia de lo sucedido en el pasado en otros casos de jóvenes dirigentes, no cometimos el error de acelerar el proceso [con Díaz-Canel]”, ha dicho Castro, y ha ensalzado su “solidez ideológica, sensibilidad política, compromiso y fidelidad hacia la revolución”. “Ha sido el mejor”, concluyó el ya expresidente con su heredero en la cima. “Teníamos la absoluta certeza que habíamos dado en el clavo (…) sobre su elección (…), y de que cuando yo falte pueda asumir el cargo de primer secretario del Partido Comunista”.

El anuncio por parte de Castro de que Díaz-Canel también asumirá en 2021, o antes si el general no puede completar su mandato, la jefatura del partido ha sido el elemento más relevante de su discurso en clave interna. Significa que el poder político y el poder del Estado se aglutinarán en una sola figura, como ocurrió con Fidel y Raúl Castro, lo que consolidaría la autoridad de Díaz-Canel en una incierta fase de cambios, sobre todo de cara a la nueva era que se abrirá, definitivamente, cuando fallezca su mentor, cuya presencia continúa simbolizando la unidad orgánica del régimen. Entre los analistas de la críptica política de la isla existe el consenso de que en los últimos años se han abierto diferencias dentro de la élite del poder cubano entre reformistas y conservadores, alineados los primeros con el enfoque de Raúl Castro de apertura económica y acercamiento a Estados Unidos y los segundos con la línea numantina de socialismo y pugna constante con el vecino abanderada durante décadas por Fidel.

Díaz-Canel es la punta de lanza del proceso de continuidad política con liberalización económica diseñado por Castro y sus asesores más cercanos. Una hoja de ruta que no contempla de momento más libertades civiles y que se ha venido desarrollando durante el raulismo con novedades notables pero cíclicos retrocesos. La visita de Barack Obama en 2016 marcó el punto álgido de esta agenda, pero despertó en la dirigencia el temor a ir demasiado rápido y se replegaron velas. Hoy el impulso dado por Raúl Castro a los negocios particulares se encuentra paralizado, la inversión extranjera no acelera y las relaciones con Estados Unidos están dañadas.

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