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La situación del país

Marcos Peña: “Que gane Cristina Kirchner sería una derrota de los argentinos, pero no va a pasar”

El Jefe de Gabinete de la Nación asegura que el Gobierno está conectado “con las angustias y las preocupaciones” de la población. Y, con miras a las elecciones presidenciales, afirma que en Casa Rosada no están dispuestos “a aflojar a mitad de camino”.

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¿Se puede ganar una elección sin haber derrotado a la inflación y con presión sobre el dólar?

Sí, definitivamente. Más allá de estar convencido de que una elección es un hecho que ocurre el día de la elección y es un acto soberano de los votantes, que son los protagonistas de esta discusión, estoy convencido de que Macri va a ganar la reelección porque representa e interpreta una demanda mayoritaria de cambio, que es más profunda que las cuestiones que se mencionan.

¿Y cómo se gana una elección en un contexto como este?

Me parece que se gana entendiendo primero por qué nosotros estamos gobernando hoy, por qué ganamos en 2015. Interpretando la profundidad de la rebeldía de los argentinos que quisieron salir del pantano mediocre en el que estábamos hacía tiempo. Tomando una decisión valiente y muy de fondo de ir para adelante sabiendo que iba a haber dificultades, pero no estamos dispuestos a aflojar a mitad de camino.

Macri y Cambiemos representaron en 2015 una expectativa de cambio. ¿Cómo hace la sociedad para mantener esa expectativa cuando está peor que hace cuatro años?

Es muy difícil generalizar. Diría que hay por lo menos tres perfiles hoy de la sociedad. Uno que sigue adhiriendo al kirchnerismo y que ve todo lo que ha pasado como un retroceso porque creía que estábamos en un lugar correcto antes. Otro tercio que claramente siente que, más allá de las dificultades, estamos honrando los valores del cambio. Y otro tercio que, en todo caso, tiene más dudas y más peso en la cuestión de su metro cuadrado y su bolsillo. Y es entendible: en lo estructural la discusión no es si estar mejor o peor, sino si pueden salir de la situación de falta de futuro y de esperanza y de mala calidad de vida en la que se encuentran hace mucho tiempo.

¿Por qué cree que sube el dólar? ¿Es incertidumbre económica o es por el año electoral?

Primero hay un tema estructural. La Argentina no ha logrado todavía ir a una estabilidad macroeconómica que sus vecinos lograron hace ya más de una década. Y ahí no hay mucha discusión: el mundo ya ha saldado cómo se construye estabilidad macroeconómica, solamente acá quedan todavía restos de pensamientos que hace 30 o 40 años no existen más en el planeta. Aún hay mucho pensamiento mágico y mucho profeta de un discurso obsoleto y fracasado. Hasta que logremos eso vamos a vivir en una situación de mayor vulnerabilidad. Si eso se combina con la angustia que genera el recuerdo de lo que pasó hace seis meses, más el recuerdo que queda en nuestra sociedad de todas las crisis que hemos tenido, es natural que los movimientos del tipo de cambio generen preocupación. Lo que estamos planteando es que tenemos las herramientas con un Banco Central competente, independiente y con fundamentos para poder administrar esa situación. Aprender a vivir con un tipo de cambio flotante es parte del desafío del cambio cultural en la Argentina.

El jueves, el ministro Dante Sica decía que no estaba preocupado por el dólar y recibió críticas.

Es difícil debatir sobre 4 o 5 palabras sacadas de contexto; es parte de la época en la que vivimos. La sociedad debe tener la tranquilidad y la convicción de que este Gobierno está conectado con sus angustias y sus preocupaciones y se mata todos los días trabajando para salir adelante y para que la gente pueda vivir mejor. Y eso hay que separarlo de la discusión sobre si lo que pasa es fruto de una situación de descontrol o un síntoma de que algo está saliendo mal. Me parece que eso es lo que claramente expresaba Dante Sica en su mensaje.

¿Es posible que el FMI flexibilice alguna de las condiciones para actuar sobre el dólar o la posibilidad de no ir exactamente a déficit cero, sino establecer una meta más alta de déficit?

Hoy tenemos un acuerdo firmado, tenemos un presupuesto votado y tenemos que enfrentar el desafío entre todos, porque esto no es un problema de unos o de otros. Tenemos que hacer las cosas bien y de fondo, porque, de lo contrario, sería faltarle el respeto al FMI. El compromiso del Presidente es cumplir el acuerdo que tenemos.

¿Por qué los mercados confiaban en Macri hace tres años y hoy pareciera que ya no confían?

El 100% de los mercados justamente piensan lo contrario: confían en Macri, dudan del resto y esa es la expresión de desconfianza actual. Hablamos todos los días con ellos, no hay ninguna duda que no solo los mercados sino todos los referentes internacionales del mundo creen que Macri es alguien que tiene un liderazgo claro, un rumbo correcto, y es alguien a quien apoyar. La duda es si hay o no un compromiso político amplio de ir por ese camino en la Argentina. Son muchos años de defaults, atajos, recetas mágicas fracasadas. Hay una gran confianza en Macri, pero quieren ver si la sociedad lo ratifica.

¿Cree que son dudas sobre si Macri gana o no? ¿No sobre la gestión de Macri?

Yo creo que ellos creen que Macri puede ganar. La duda es si el resto del sistema dirigencial y político de la Argentina entiende mínimamente la tarea que tenemos que emprender y cómo funciona el mundo.

¿Qué le falta al Gobierno para poder bajar la inflación?

Consolidar este camino hacía el equilibrio fiscal y por eso, para mí, estamos mucho mejor que en 2015 en la lucha contra la inflación. Para empezar, porque tenemos hoy un indicador claro de cuál es la inflación. El Estado mentía oficialmente, con todo lo que eso implica, sobre lo que pasaba con la inflación. Segundo, tenemos un diagnóstico mucho más compartido en la dirigencia política. Y tenemos el equilibrio fiscal en el Presupuesto. Tercero, me parece que nosotros al encarar esa discusión estructural nos vamos alejando de la idea del pensamiento mágico de las soluciones que ya no existen. Sin duda, hemos cometido el error de generar una expectativa de mayor velocidad de la que se pudo sustentar, y eso es algo que no queremos repetir.

Esta semana los radicales pidieron revisar las tarifas, por ejemplo. ¿Eso es imposible?

Nosotros hemos hablado y estamos analizando, dentro de las tres restricciones que tenemos (el presupuesto público, los contratos que regulan el sistema energético y el acuerdo con el FMI), todo lo que se pueda analizar para generar un alivio y una mejor situación en materia de gas, porque la cuestión eléctrica es un tema de las provincias. Creo que se avanzó y seguiremos analizando todo lo que se pueda hacer dentro de esas restricciones.

¿Cómo está la relación con los radicales? El gobernador Gerardo Morales acaba de despegar la elección de Jujuy de las presidenciales.

Con Morales lo conversamos al igual que con Cornejo y Valdés en Corrientes. Todo el diseño del calendario electoral fue consensuado y acordado, con lo cual lejos está de que eso sea una expresión de diferenciarse de Macri. Y creo que Gerardo [Morales] ha hablado muy contundentemente esta semana en ese sentido.

¿Es posible una interna por la candidatura presidencial contra la UCR y Martín Lousteau?

Es posible desde el momento en que es legalmente posible. Nosotros creemos, y así lo hemos discutido en la mesa nacional, que todo se debe debatir en el contexto de consenso estratégico. A priori, yo creo que hoy hay que fortalecer al Presidente, claramente. Es el referente indiscutido de Cambiemos y así lo han expresado la mayoría de los dirigentes, pero eso no invalida que pueda haber disenso.

¿Y qué elección se imaginan a esta altura? ¿Puede aparecer un tercer candidato, como Roberto Lavagna?

Eso depende de otros, no de nosotros. Nosotros lo que tenemos claro es que hay dos expresiones políticas con liderazgos claros y una organización política acorde que van a ir a esa elección. Si surge una tercera alternativa, se verá en función de qué organización política lo hace, qué ideas expresan y quién lo lidera.

¿Por qué creen que cayó tanto la imagen del Presidente?

Sin dudas han sido meses muy duros, y eso genera frustración en muchos sectores de la sociedad. Así como también sigue siendo muy fuerte el apoyo que tiene en un sector muy importante de la sociedad, en un contexto global donde hoy los dirigentes en general en distintos países tienen una volatilidad mayor en sus adhesiones. Creo que el nivel de apoyo que tiene el Presidente, que lo pone en el mismo lugar o encima de los votos que obtuvo en la primera vuelta en el 2015, es muy importante y estamos muy agradecidos por ese apoyo.

¿La reelección de Macri es el único proyecto electoral o si siguiera la caída de su imagen podría haber un Plan B, como María Eugenia Vidal?

No tengo dudas de que es Mauricio el candidato que tiene que seguir gobernando este país. Y que, de la misma manera, María Eugenia tiene un compromiso y un coraje que siempre nos conmueve y nos inspira para seguir dando la pelea en la provincia de Buenos Aires. Y está cumpliendo su palabra, aparte, de que no iba a usar a la provincia de Buenos Aires como un trampolín.

¿Qué pasó con ese equipo al que Macri calificó como el mejor de los últimos 50 años?

Si uno discute calidad institucional, infraestructura y energía, si uno discute las políticas de desarrollo humano, la lucha contra la inseguridad y el narcotráfico, o el vínculo con el mundo, en todas esas variables estamos muchísimo mejor que en 2015. La idea de reducir la discusión a los síntomas de lo económico es un juego a favor de la resignación. Hemos honrado la lógica muy innovadora en la política argentina de gobernar trabajando en equipo y, por definición, el equipo está por encima de las personas. Si uno se pregunta en los últimos 50 años cuándo se ha gobernado con una lógica de equipo, también ahí va a haber una discusión de contra quién uno se compara.

¿Que gane Cristina en las próximas elecciones sería el gran fracaso de este Gobierno?

Sería un fracaso de la Argentina pero eso no va a ocurrir, estoy convencido. Alguno va a susurrar en el oído “viste que no había cambio”, “volvé a esto que tenías que es lo mejor a lo que podés aspirar”. Y frente a ese susurro van a recibir un grito de rebeldía de decirle “no vamos a volver atrás, no vamos a aflojar en este camino del cambio”.

 

“Este nunca ha sido un puesto para ser sensible”

Hacía seis meses que no hablaba. Desde aquel domingo 8 de septiembre en el que Mauricio Macri hizo cambios en el gabinete y Marcos Peña estuvo cerca de irse. Pero fue ratificado y ahora está al frente del equipo de campaña que intenta el objetivo de la reelección presidencial. Una meta que jamás alcanzó un presidente no peronista. El viernes a media mañana, en la Quinta de Olivos, el Jefe de Gabinete habló también de su situación personal.

Estuvo en silencio público en estos últimos meses. ¿A qué se debió esto?

Cuando reorganizamos el gobierno, en el momento más álgido de la crisis, redujimos la cantidad de ministerios y eso también me obligó a poner más foco en la organización interna y en la gestión del día a día. Y al mismo tiempo en fortalecer el rol de vocería de los ministros que hablan todos los días, que es otra de las cosas que parecería natural y que no ha sido natural en nuestra historia como país.

¿Volvería a hacer declaraciones como aquellas cuando estaba subiendo el dólar?

Me parece que hace al pensamiento mágico argentino pensar que una declaración va a solucionar o va a modificar un problema que es estructural. Soy consciente de la enorme responsabilidad que me toca como Jefe de Gabinete y del valor de la palabra.

¿Cómo vivió el 8 de setiembre del año pasado, cuando estuvo cerca de dejar el Gobierno?

Fue un momento de una enorme responsabilidad, donde tu lugar personal en esa discusión es absolutamente secundario. Si se pierde de vista lo que está en juego, se va a equivocar. Y creo que, en perspectiva, se vio un Presidente que tuvo coraje, claridad, tomó decisiones fuertes, que muchos pensaron que no iba a hacer. Y entre las cuales no incluyó cambiarme a mí, pero obviamente yo siempre he sido honesto: somos todos actores de reparto. Lo que nunca voy a hacer es correrme de esa responsabilidad por más piñas que uno reciba, porque todo lo que uno enfrenta él lo enfrenta 10 veces más, 100 veces más, 1000 veces más.

Es la persona más cercana al Presidente y quienes lo critican han llegado a calificarlo de monje negro de Macri.

Alguna vez dije que este no es un puesto para ser sensible, es un puesto que claramente tiene una función de pararrayo. Uno debe entender que, cuando hace este trabajo, está haciendo el trabajo más importante de su vida, que viene con esa responsabilidad de cuidar al Presidente, de defenderlo. Me parece que muchas veces se lo difama a uno. Pero si se pone su ego y su cuidado personal por encima del conjunto, va a cometer errores.

Fuente: Clarín

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