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Opinión

Habría que darle un toquecito de horno

En algún momento cuando en casa o en un restaurante, la comida ha llegado a estar un poco fría, hemos dicho, o también hemos escuchado decir “habría que darle un toquecito de horno”.

Por Juan Carlos Villamea – Economista – Si bien el crecimiento global ha sido positivo en Argentina, el país aún se encuentra con dificultades, que se han ido solucionando progresivamente desde 2017, pese a lo cual todavía existen o se han mantenido algunas diferencias.

Mayormente hoy, la gente y los trabajadores están preocupados por la relación existente entre el salario que perciben y los precios en general de la mercadería de consumo y las tarifas que se abonan.

También para el empresariado y el gobierno otra preocupación permanente es la relación existente entre la inflación y el precio del dólar que por más que sea “flotante”, sabemos que lo administra el Banco Central.

Hoy estos dos temas vinculados con el Gobierno y que es lo que dice y piensa la gente están por encima de la seguridad pública, que ha pasado a ser el tercer elemento en discordia y también de preocupación de la población.

Todos estos temas serán la nota de esta semana y la desarrollaremos más abajo.

Quiero recordar en este momento, al Presidente Raúl Alfonsín, cuya asunción fue un acontecimiento de algarabía popular que traspasó las barreras partidarias, para meterse muy dentro del corazón de los argentinos. Con él, volvía a instalarse la democracia, y renació la esperanza en todos los argentinos que reconocieron en él mismo, al hombre democrático que durante toda su campaña terminaba en cada discurso declamando el preámbulo de la Constitución y en los mismos actos aseguraba que con la democracia se sana, se come y se cura.

También Alfonsín al asumir el gobierno encontró un país descalabrado económicamente, con una inflación difícil de contener y una deuda externa que condicionaba cualquier intento de romper con los intereses financieros. Los sucesivos Ministros de Economía trataron de formular un programa en materia de política económica pero los mismos estaban muy acotados, por los intereses y las presiones corporativas, que no cesaban de querer condicionar al gobierno.

El mismo sindicalismo, a través de las 62 Organizaciones Peronistas y de la Confederación General del Trabajo (CGT) dio por tierra con cualquier intento de disminuir la inflación, que era uno de los temas más importantes que estaban en juego (salarios/inflación).

Desde el primer momento Alfonsín intentó la conformación de un tercer movimiento histórico. El primero fue Alem-Irigoyen, el segundo fue con Perón y el Justicialismo a la cabeza. Para ello intentó llegar a acuerdos programáticos con dirigentes sindicales peronistas y con otros partidos políticos. Esto terminó por tensar las relaciones con otras fuerzas, especialmente con el peronismo. A su vez, la situación social empeoró, ya que a nivel internacional la economía estaba estancada.

Durante el Gobierno de Alfonsín se obtuvieron muchos logros de tipo político, de derechos humanos, ley de divorcio, etc.

El fracaso de su plan económico lo llevó a la entrega anticipada del poder a Menem.

He querido recordar esto, porque hoy no está Alfonsín, hoy está Mauricio Macri Gobernando la Nación, pero hay situaciones muy parecidas a aquella época.

Macri encontró un país devastado no sólo desde el punto de vista económico sino también social, con una pobreza extrema de más del 30% de la población y con la oposición del Kirchnerismo al que yo llamo el socio-troquismo – comunismo, porque pertenecen al ala de los países latinoamericanos que dicen haber abandonado el comunismo tales como Cuba, Ecuador, Bolivia y Venezuela para convertirse en países “ socialistas”. Mentira, siguen siendo comunistas, con verdaderos dictadores al frente de los mismos.

Estos países, así como el Kirchnerismo, proponen una democracia mentirosa y debemos recordar que en ella hemos vivido los últimos 10 años de los 12 que gobernaron, con el agregado de la corrupción masiva de funcionarios y dirigentes que gobernaron desde 2003 a 2015 y que se enriquecieron a través del Estado, a costa del pueblo.

Este Gobierno, nuestro gobierno nacional, yo digo que es un Gobierno de Centro, porque algunas regulaciones las hace el Estado y el resto las está haciendo el Mercado. Cuando digo de Centro, es que no es de izquierda ni de derecha. La izquierda representa al Comunismo (al socio-troquismo – comunismo) y al comunismo Ruso y Chino, por más que China ejerce comunismo hacia adentro y libre comercio hacia afuera, y por otro lado está la derecha que representa al Capitalismo. Soy reiterativo: a mi entender, este Gobierno, nuestro Gobierno Nacional es un Gobierno de Centro y hacia allá vamos.
Soy objetivo al comparar no solo el presente, sino también los elementos de esa época por la que transitamos hace 35 años.

Los marxistas colocan siempre el Paraíso en el futuro, los soñadores y los inadaptados en el pasado. Pero el Paraíso está en el presente, en cada uno de nosotros, esto es lo que podríamos llamar realismo histórico, al escuchar, al hacer y realizar lo que la gente quiere o necesita realmente y no lo que se les ocurre a los políticos que creen saberlo. Estos políticos, los que no han sabido escuchar, son los inadaptados de verdad y yo diría los inadaptados de la realidad.

La idealización que hace el peronismo de su “época de oro” no es nada más que una idealización histórica convertida en una utopía retrospectiva. Estas idealizaciones pueden ser pedagógicamente útiles, pero son históricamente falsas por lo que no debemos desviar lo racional hacia lo racionalista.
No estoy en la búsqueda de un equilibrio político. Estoy en la búsqueda de la superación de una etapa política del país que ya paso, que ya fue, a la que no queremos volver. (Los últimos 12 años de kirchnerismo) Para ello debemos devolverle y reasignar a las Provincias sus verdaderos roles y atributos en todo lo concerniente a su condición para lograr un verdadero país federal y concluir con el centralismo porteño y de la Provincia de Buenos Aires y terminar con el que maneja “la caja”, maneja el poder.

Esto sí es una deuda histórica, que viene desde las bases mismas fundacionales de la Nación.

Ello lo podremos lograr a través de una verdadera descentralización operativa. Y esto no es solamente un título, es un proyecto nacional para lograr una Argentina Federal.

Cuando asumió el Presidente Macri en diciembre 2015 apuntó que junto a otras iniciativas del Gobierno la meta principal era reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los argentinos. Estos dos indicadores han mejorado según las mediciones oficiales pero no en la medida y con la rapidez que el Gobierno y la misma gente esperaba, lo que ha relativizado que la pobreza haya dejado de ser una realidad inmediata. La pobreza existe y a ella sigue apuntando el gobierno a través de nuevas inversiones y a la creación de nuevas fuentes de trabajo, ya que la generación de trabajo significa generación de riqueza.

La Argentina no ha podido concretar todavía en el volumen deseado los proyectos de inversiones extranjeras.

El déficit comercial 2017 fue de 8.500 millones de dólares.

Los intercambios comerciales –la balanza comercial- es deficitaria para argentina, que todavía no ha logrado con el mundo exterior revertir las consecuencias negativas producto de las decisiones irracionales de los Kirchner y la aparición del Presidente de los E.U. Donald Trump en pos de la protección de su producción incorporando barreras arancelarias a los productos se su competencia y que este país importa.

Creo que la localización de nuevas empresas e inversiones en nuestro país no solo dependerá de las políticas públicas orientadas por el gobierno, sino también de Políticas de Estado que sean de atractividad y de ventajas para empresas, industrias e inversores extranjeros así como también de Seguridad Jurídica para los inversores a través de garantías fiables en el tiempo. Los negocios públicos no son fáciles de realizar, por el contrario, son muy complicados, donde deben converger intereses, inversiones y resultados.

La Argentina debe generar medidas de confianza porque la percepción de inseguridad jurídica o de inestabilidad política y social y la falta de transparencia y la corrupción del gobierno anterior Kircherista continúan siendo indicadores negativos que frenan justificadamente la llegada de inversores extranjeros.

Es importante lo que se logre en el exterior a través de las relaciones diplomáticas bilaterales con los distintos países, con el G.20, La OCDE, Las Naciones Unidas y la OEA.

Las reformas impositivas y laborales también ayudarían así como la baja de inflación y el control del gasto público que está haciendo el Estado.

Los resultados positivos no se obtienen o logran con buenas intenciones, sino a través de las acciones que realiza el Gobierno, no se puede ignorar la geopolítica internacional, la producción, la productividad, etc.

Hoy a pesar de una economía yo diría totalmente dolarizada por los formadores de precios en este caso los hipermercados, los distribuidores, los pasamanos, la logística y las micro empresas y Pymes en muchos casos–no así por los productores primarios ni las economía regionales- el valor del dólar se encuentra atrasado un 20% . Hay “muchos” que ganan dinero sin arriesgar y sin hacer nada por el país y por la gente. Sabemos donde están?

Muy bien Presidente al convocar a industriales y formadores de precios, porque tenemos que terminar con el flagelo de la inflación.

Allí hay muchos responsables y no están en las Provincias.

El dólar del Banco Central debe seguir la inflación. Hasta ahora no lo ha hecho.

El aumento del dólar serviría para equilibrar el déficit comercial, pero no se puede trasladar a los precios ya que sabemos que perjudica a los que menos tienen.

Es preocupante el déficit fiscal y frente a esto solo le queda dos caminos al gobierno: emitir o endeudarse. La emisión genera inflación y el endeudamiento exterior busca un camino inverso a los de los Kirchner ya que tomar deuda busca abrir la economía y tratar de gradualmente buscar el equilibrio.

Los objetivos de este Gobierno son de demostrar verdaderos cambios y de que existe otra forma de hacer política.
Yo digo: No lo quememos, pero démosle un toquecito de horno.

No estamos solos.!!

Juan Carlos Villamea – Economista-Escritor

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